¿Es posible mantener e incluso mejorar algunas capacidades físicas y cognitivas con el paso de los años? Distintas investigaciones sobre envejecimiento muestran que sí, y que la manera en que pensamos sobre nuestra propia edad también puede influir.
En esta nota conocemos algunos resultados interesantes y el método ABC, una propuesta para reconocer y cuestionar los estereotipos negativos sobre envejecer.
Podemos mejorar física y cognitivamente con el paso de los años
Envejecer no significa necesariamente perder capacidades de manera continua.
La psicóloga y epidemióloga Becca Levy, junto con el investigador Martin Slade, analizaron información del Health and Retirement Study, un proyecto que sigue la evolución de personas mayores en Estados Unidos desde 1992.
Los investigadores evaluaron la función cognitiva de más de 11.000 personas y la condición física de aproximadamente 4.600, durante períodos de hasta 12 años.
Los resultados mostraron que casi la mitad de los participantes mayores de 65 años mejoró en algún aspecto físico, cognitivo o en ambos:
- El 45,2 % mejoró en salud física o cognitiva.
- El 31,9 % obtuvo mejores resultados en las pruebas cognitivas.
- El 28 % aumentó su velocidad al caminar.
Estos resultados ayudan a cuestionar una idea muy instalada: que envejecer implica necesariamente un deterioro constante y sin posibilidad de mejora.

Cómo influyen nuestras creencias sobre el envejecimiento
Los investigadores también analizaron la forma en que los participantes percibían el envejecimiento.
Quienes tenían una visión más positiva sobre esta etapa de la vida mostraron mayores probabilidades de mejorar tanto en las pruebas cognitivas como en la capacidad física, incluso después de considerar factores como la educación, las enfermedades o la calidad del sueño.
Esto no significa que simplemente “pensar positivo” sea suficiente para mejorar nuestra salud.
La idea es más amplia: las creencias que tenemos acerca de la edad pueden influir en nuestra manera de actuar, relacionarnos con los demás y enfrentar nuevos desafíos.
Si asumimos que determinada actividad “ya no es para nosotros” solamente por la edad, probablemente dejemos de intentarla.
En cambio, cuestionar esa idea puede abrir la posibilidad de seguir aprendiendo, moviéndonos, relacionándonos y probando cosas nuevas.
El método ABC para cuestionar los estereotipos sobre la edad
Becca Levy propone un método denominado ABC, pensado para reconocer y cuestionar los mensajes negativos relacionados con el envejecimiento.
A — Advertí
El primer paso consiste en empezar a prestar atención a los mensajes que recibimos sobre la edad.
Pueden aparecer en:
- publicidades;
- programas de televisión;
- redes sociales;
- conversaciones cotidianas;
- comentarios familiares;
- nuestra propia forma de hablar.
Por ejemplo:
“Ya estoy grande para aprender eso”.
“A esta edad es normal no poder hacerlo”.
“¿Para qué va a empezar ahora?”
Muchas veces repetimos estas frases sin detenernos a pensar de dónde vienen.
B — Buscá el origen
El segundo paso consiste en preguntarnos si una dificultad que atribuimos automáticamente a la edad podría estar influida también por estereotipos o discriminación por edad.
No todos los cambios que ocurren con el paso de los años son consecuencia del edadismo, ni todos pueden evitarse.
Pero tampoco todo lo que sucede debe explicarse simplemente diciendo:
“Es por la edad”.
La propuesta es aprender a distinguir entre cambios reales del organismo y creencias sociales que limitan innecesariamente nuestras posibilidades.
C — Cuestioná
El tercer paso es poner esas ideas a prueba.
Cuando aparezca una frase como:
“Yo ya no puedo…”
podemos preguntarnos:
¿Realmente no puedo o estoy dando por sentado que no puedo por mi edad?
También podemos observar cómo se representa a las personas mayores en la publicidad, las noticias, el entretenimiento y otros espacios cotidianos.
El objetivo no es negar el envejecimiento, sino reemplazar suposiciones por una mirada más realista, individual y respetuosa.

¿Qué es el edadismo?
La Organización Mundial de la Salud define el edadismo como la forma de pensar —mediante estereotipos—, sentir —a través de prejuicios— y actuar —mediante discriminación— hacia otras personas o hacia nosotros mismos debido a la edad.
Y el edadismo no afecta solamente a quienes ya son mayores.
Las ideas que tenemos sobre la vejez pueden empezar a formarse muchos años antes.
No hace falta ser una persona mayor para cambiar nuestra mirada sobre la edad
No hace falta esperar a llegar a determinada edad para revisar nuestras ideas sobre el envejecimiento.
A cualquier edad podemos empezar a detectar frases, imágenes y mensajes que presentan esta etapa de la vida únicamente como pérdida, enfermedad o dependencia.
También podemos preguntarnos:
¿Qué idea tengo yo sobre envejecer?
¿De dónde salió esa idea?
¿Está basada en una experiencia real o en un estereotipo?
¿Aplicaría esa misma idea a todas las personas de la misma edad?
Cuestionar estos mensajes puede ayudarnos a construir una mirada más amplia sobre nuestra propia vida y la de quienes nos rodean.

Tener un propósito también puede acompañarnos
Muchas personas encuentran bienestar en tener algo que les dé sentido a sus días.
No tiene por qué tratarse de una gran meta.
Puede ser:
- un pasatiempo;
- aprender algo nuevo;
- una actividad artística;
- cuidar un jardín;
- participar en un voluntariado;
- compartir tiempo con familiares o amigos;
- comenzar un proyecto;
- enseñar algo que sabemos.
Si hoy no sentís con claridad cuál es tu propósito, también podés empezar por algo más sencillo: observar qué actividades te generan curiosidad, interés o ganas de seguir aprendiendo.
Qué podemos hacer hoy mismo
Las actividades cotidianas que nos mantienen interesados, activos y aprendiendo también pueden enriquecer nuestra vida.
Aprender a utilizar herramientas digitales
Mandar una foto, hacer una videollamada, realizar un trámite por Internet o aprender a utilizar una aplicación nueva pueden convertirse en verdaderos ejercicios de aprendizaje.
La tecnología también puede ayudarnos a mantener la autonomía y el contacto con otras personas.
Empezar una actividad artística o manual
Pintura, cerámica, jardinería, canto, tejido, dibujo o fotografía son algunas posibilidades.
Lo importante no es alcanzar un resultado perfecto, sino incorporar una actividad que nos interese y nos permita aprender algo nuevo.
Retomar o iniciar estudios
Anotarse en un taller, estudiar un idioma o participar en cursos puede mantenernos en contacto con nuevos conocimientos y con otras personas.
Nunca dejamos completamente de aprender.

No se trata de negar el paso del tiempo
Hablar de una mirada positiva sobre el envejecimiento no significa negar que el cuerpo cambia.
Tampoco significa que una actitud determinada pueda evitar enfermedades o resolver por sí sola los problemas de salud.
La propuesta es otra: no agregar límites basados únicamente en estereotipos sobre la edad.
Cada persona envejece de manera diferente.
Podemos tener dificultades en algunos aspectos y, al mismo tiempo, desarrollar nuevas habilidades, intereses, relaciones y formas de vivir.
Tal vez una pregunta interesante para hacernos sea:
¿Cuántas cosas dejamos de intentar porque realmente no podemos y cuántas porque alguna vez aprendimos que “a nuestra edad” ya no correspondían?
Fuentes para este artículo: https://becca-levy.com/











