Quienes llegan a esta etapa de la vida se enfrentan a la pregunta de: ¿Qué me está pasando?. No me gusta llamarle tercera edad, porque da la sensación de que queda poco.

Prefiero llamarlo vida adulta, así verás el futuro con esperanza o expectativa. Un día al mirarte al espejo sientes que no te reconoces, el cabello que solía tener un hermoso color… se ve blanco. El rostro tiene marcadas líneas de expresión. Las fuerzas se ven menguadas y te preguntas: ¿cuándo pasó este cambio?

 

Sin lugar a dudas te sorprendes. Pero todo esto quiere decir que estabas ocupado viviendo la vida, amando y cuidando de los tuyos, lo que en definitiva es muy bueno. Lo que posiblemente te sorprenda es por qué no puedes hacer algunas cosas. Como por ejemplo al querer jugar con tus nietos te agotas, te das cuenta que eres una carretita detrás de una pelota. Ya no es posible hamacarlos igual. Por el contrario dices: “yo me siento como de veinte”. Y es así porque tienes el deseo normal de seguir viviendo con las mismas ganas, las mismas ilusiones que tenías a los veinte. 

 

El cerebro tiene un ritmo diferente al de tu cuerpo

Esto tiene su explicación el cuerpo está compuesto por células de distinto tipo, las cuales se renuevan día a día. Pero sin explicación a determinada edad esto deja de suceder algunas con más o menos frecuencia, esto produce el desgaste que sientes. Pero no sucede lo mismo con el cerebro, el cual está compuesto de células llamadas neuronas las cuales se reparan. Por lo tanto una cosa es cómo funciona  el cerebro y otra como funciona el resto del cuerpo. 

 

Prescindiendo de cómo te sientes, está el hecho de que a nadie le gusta envejecer. Pero puedes hacerlo con dignidad.  Piensa en esto: cuando tu apariencia te preocupe pregúntate si las personas por las que sientes afecto son las más lindas y las de figura perfecta.  Posiblemente algunas lo sean, pero en otros casos las ves lindas por el cariño que les tienes y porque son muy agradables en el trato.  No es por su apariencia que las quieres, y así te ven a ti.

 

Adaptate a los cambios

Puedes elegir resignarte. O pensar que la vida se está terminando.  Pero con esa actitud eso sería desperdiciar el tiempo que queda. Puede ser mucho o poco, pero su valor se cuenta en virtud de cómo lo vives. 

 

Quizá pienses: “no puedo jugar a la pelota con mis nietos”, pero si puedo jugar juegos de mesa, o hacer manualidades. Son cosas que pocas veces los padres tenemos tiempo de hacer con ellos. A ellos les encanta. Cuando vuelven a su casa cuentan estos momentos con mucha alegría. Y quizás no puedas correr pero una linda caminata en un parque o en la plaza nos distiende.

 

Sin duda bajar las expectativas no quiere decir renunciar a toda la vida que tienes por delante. Esto hará que cuando te mires al espejo sepas que cada una de las canas son un trofeo que has ganado. Si tienes marcas en el rostro quiere decir que has reído, llorado y vivido plenamente. Y si las fuerzas no te dan para correr siempre podrás abrazar, acaricia y besar a quienes amas.

Se creó esta redacción gracias a: ¡la mejor abuela que conozco! Mi mamá.

 

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