Adolfo era un tipo de mundo, pero las dificultades para caminar lo fueron recluyendo en espacios cada vez más pequeños, que lo alejaron progresivamente de sus relaciones sociales, de lo que quedaba de su negocio y de una suma de rutinas que organizaban sus días.

 

Más allá de los pedidos de su familia para que desarrollara alguna actividad, no parecía encontrar las fuerzas y la tristeza lo iba apagando. Una marcada disminución de sus capacidades cognitivas generó una alarma que llevó a recorrer diversos profesionales. Sus 94 años parecían volver esperable todo lo que le sucedía. Sin embargo, una suma de intervenciones permitió recuperar algo de ese mundo que había perdido: una de las estrategias más exitosas fue volverse un cibernauta.

 

Frente al universo asfixiante que había ido desmoronándolo, cerrando junto a sus propósitos vitales las capacidades intelectuales que lo asistían a seguir siendo y haciendo su vida, el desafío de incursionar en Internet le permitió redefinir su lugar y su propósito.

Allí fue que conformó “su nueva función”, como él lo llama, la de reenviar mensajes, fotos y textos que con esmero escoge para cada uno. De esta manera recuperó un extenso tejido de relaciones casi olvidadas, alguna novia de la juventud, y encontrar personas que le agradecen sus interesantes aportes. Cambios que ayudaron a tener su mente más clara y sentir que puede ordenar su tiempo y sus decisiones.

 

Más allá de este caso, una enorme cantidad de estudios afirman la importancia para la salud y la optimización de los recursos cognitivos que brindan tanto Internet como las redes sociales en los adultos mayores.

 

Los factores que inciden en los cambios cognitivos son diversos. Una serie de estudios manifiestan la importancia de los estilos de vida y dentro de ellos se distinguen la participación y el encuentro social. El Estudio Longitudinal de Victoria sobre Envejecimiento (2014) mostró la incidencia de los estilos de vida participativos, especialmente las actividades sociales, sobre los recursos cognitivos. Entre los que presentaron mayores cambios se encuentran: las funciones ejecutivas. Es decir, aquellas que nos permiten llegar a una meta a través de la planificación, organización y revisión, tanto de nuestras ideas como emociones; la rapidez en el modo que se procesa la información; la memoria de episodios vividos y la semántica, o los conocimientos que poseemos.

 

Otras investigaciones probaron cuál sería el efecto de incrementar intencionalmente las interacciones sociales en adultos mayores a partir de prácticas que generaban encuentros sostenidos en el tiempo. Los resultados mostraron mejorías en el aprendizaje, en la capacidad para desarrollar inferencias y en la rapidez en el procesamiento de la información. Otra actividad que incluyó a personas mayores como voluntarios en aulas de colegios, mostró que luego de 4 a 8 meses los participantes de la experiencia no sólo incrementaron sus niveles de actividad y fuerza física, sino que aumentaron el número de relaciones sociales y mejoraron las funciones ejecutivas, la capacidad para resolver ejercicios más complejos, y la memoria en términos más amplios.

Sin embargo, uno de los problemas más serios que se debe afrontar es la participación de personas como Adolfo, que no cuentan con capacidades físicas para sostener ciertas tareas. Frente a ello, la pregunta es en qué medida las tecnologías de información y comunicación (TICs) pueden brindar beneficios similares.

 

Por un lado, el aprendizaje y uso de actividades vía Internet permiten mejorar la memoria de episodios vitales y procesar la información más rápidamente. Esto fue demostrado con personas mayores que utilizan tablets. Así como las personas de 65 y más, que utilizaban Internet, podían disminuir el sentimiento de soledad y depresión.

Por otro lado, el notorio incremento de adultos mayores que se han volcado a utilizar tecnologías que permiten la comunicación y la relación social, más específicamente con Facebook, ha llevado a investigarlo más profundamente.

La revista científica The Journal of Gerontology (sept. 2017) ha publicado una serie de investigaciones donde se destacan los logros que se producen y que van desde el aumento significativo en la actualización de conocimientos hasta la optimización de la función ejecutiva asociada con tareas de memoria de trabajo complejas. Otro estudio mostró que las personas de 80 y más que se conectan por Internet mantienen más cercanía con sus familiares y amigos, aprenden más información y presentan mejorías a nivel físico y psicológico.

 

Finalmente, una suma de investigaciones nos muestra que el uso de la computadora y de Internet en personas mayores parece contribuir al sentido de empoderamiento ya que afecta positivamente las relaciones interpersonales, promueve el funcionamiento cognitivo y contribuye a aumentar la percepción de control e independencia.

Lamentablemente esta generación de adultos mayores encuentra notorias dificultades en el uso de las nuevas tecnologías lo que limita seriamente estos recursos actualmente disponibles. Todo esto nos indica la importancia de continuar incentivando y desarrollando aprendizajes que permitan abrir espacios virtuales conectados con una de las tecnologías más antiguas e indispensables: la sociabilidad humana.

Ricardo Iacub es Doctor en Psicología, especialista en tercera edad.

 

Visita su sitio web: www.ricardoiacub.com.ar

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Sus programas: Proyectos y asesoramiento

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